El origen de Moisés La hija del faraón bajó al río para bañarse, mientras sus doncellas caminaban a la orilla del río. Vio la cesta entre los juncos, envió a su criada y esta la tomó. Al abrirla, vio al niño y he aquí que el bebé lloraba. Sintió compasión de él y dijo: «Este es uno de los hijos de los hebreos». Entonces su hermana dijo a la hija del faraón: «¿Quieres que vaya a llamarte a una nodriza de entre las mujeres hebreas para que críe al niño por ti?». Y la hija del faraón le dijo: «Ve». Así que la joven fue y llamó a la madre del niño. La hija del faraón le dijo: «Llévate a este niño y críalo para mí, y yo te pagaré tu salario». La mujer tomó al niño y lo crió. Cuando el niño creció, ella lo llevó a la hija del faraón, y él llegó a ser su hijo. Ella le puso por nombre Moisés, «porque», dijo, «lo saqué del agua». (Éxodo 2:5-10) Moisés recibió su nombre de la hija del faraón, no de sus propios padres. En la Biblia, Dios solía poner nombre a sus elegidos antes de que nacieran, o bien se los cambiaba después, para resaltar su plan para el pueblo. Sin embargo, el nombre de Moisés —que significaba «sacado del agua»— no fue puesto directamente por Dios, aunque probablemente encajaba con el plan divino para él. El término «hebreo» también significaba «aquellos que están al otro lado del río», en referencia a Abraham y sus descendientes. Por tanto, resultaba muy apropiado que aquel que fue sacado del agua guiara de vuelta a través del río a quienes lo habían cruzado anteriormente. Además, el nombre le recordaba a Moisés el plan que Dios tenía para él. De hecho, cruzar el río para separarse del mundo es algo indispensable para todo aquel que está siendo salvo; pues, una vez salvos, todos somos descendientes de Abraham por la fe, tal como se describe a continuación en la Biblia: Sepan, pues, que los que son de fe, estos son hijos de Abraham. Y la Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, anunció de antemano el evangelio a Abraham, diciendo: «En ti serán benditas todas las naciones». Así que, los que son de fe son bendecidos junto con Abraham, el hombre de fe. (Gálatas 3:7-9) Para formar a Moisés como un verdadero hebreo, Dios hizo que saliera de su zona de confort, tal como se describe a continuación. Un día, cuando Moisés ya había crecido, salió a ver a sus hermanos y observó sus duras tareas; vio entonces a un egipcio que golpeaba a un hebreo, uno de los suyos. Miró a todas partes y, al no ver a nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena. Al día siguiente salió de nuevo y vio a dos hebreos que peleaban entre sí. Entonces le dijo al que estaba en falta: «¿Por qué golpeas a tu compañero?». Él respondió: «¿Quién te ha puesto por príncipe y juez sobre nosotros? ¿Acaso piensas matarme como mataste al egipcio?». Moisés tuvo miedo y pensó: «Ciertamente el asunto se ha descubierto». Cuando el faraón se enteró, quiso matar a Moisés; pero este huyó de la presencia del faraón y se estableció en la tierra de Madián, donde se sentó junto a un pozo. (Éxodo 2:11-15) Para Moisés, aquel autoexilio no fue solo físico, sino también mental. Él creía estar salvando la vida de un compatriota israelita al quitarle la vida a un egipcio, pero su propio pueblo lo traicionó al delatarlo. A causa de ello, el faraón quiso matarlo. Así, fue rechazado tanto por los israelitas como por los egipcios. No es de extrañar que Moisés huyera a Madián sin intención alguna de regresar con su pueblo a Egipto. Así de profunda fue la obra de Dios en Moisés. Para Moisés, aquello pudo parecer desesperante, el fin de su mundo; pero para Dios, era apenas el comienzo. Emanuel. (Para volver, seleccione <- en la barra de herramientas)